 Sol y Mar |
Astro Sol me despierta acariciándome con sus radiantes manos tamizadas por
las entretejidas paredes de mi hogar nómada. La sección de vientos de la
orquesta silvestre del bosque interpreta en "allegro vivace" una melodía de
trinos y gorjeos marcados en el ritmo de la corriente de un riachuelo.
Abro de par en par las ventanas del corazón y dejo que me inunde el alma
esta suave mañana otoñal en una loma perdida de la Sierra Madre.
Platera descansa junto a Rimba, la inquieta montura de Juli, un barcelonés
que azarosamente conocí entre rolas y tequilas una "cultural" noche en el
bullicioso Festival Cervantino de Guanajuato. Nuestra mutua pasión por el
cicloaventurismo nos ha unido y juntos pedaleamos hacia el sur Mexicano en
nuestras máquinas de combustión a frijol.
Según el calendario Gregoriano (bien diferente al maya, qué relativo es esto
de la medida del tiempo), hoy es 26 de octubre del año 2000. Hoy cumplo 36
años, 36 primaveras en este florido planeta.
Es curioso, antes cuando era un urbanita encerrado entre los muros de
ladrillo ciudadano, cumplir años me deprimía y agrietaba el alma. Aquí en
cambio, en este mundo de ensueño y aventura en el que vivo, el tiempo parece
que corre marcha atrás, cada día que pasa mi cuerpo y mi espíritu gozan de
una mayor juventud y energía. Las gentes que sobreviven en la rutina del
progreso se gastan fortunas en cremas y productos revitalizadores, yo cada
día sacio mi sed en la fuente de la eterna juventud, disfrutando de la
existencia en la naturaleza, entre gentes de corazón abierto, locos que han
escogido vivir alternativamente fuera del sistema del estrés y la
competencia, donde la amistad es la mejor fortuna, el respeto a Pachamama es
un dogma y la libertad del vive y deja vivir es la ley.
Otra vez estoy en México, este enorme país de coloridos contrastes ya parece
mi segunda patria, aunque creo que a estas alturas de camino mi patria es
simplemente el polvo de mis botas. En Julio pedaleé dejando atrás Guatemala,
internándome en las junglosas sierras Chiapanecas. A pesar del olvido
internacional, el conflicto Zapatista sigue vigente y la presencia y presión
del ejercito gubernamental es clara. Los pocos viajeros que se aventuran por
las aldeas del interior despiertan sospechas en los militares, disgustados
por las influencias ideológicas que ejercen los cooperantes extranjeros
entre los indígenas. Yo fui detenido, interrogado y fotografiado 5 veces en
los numerosos retenes de control que saturan las rutas de comunicación. He
de aclarar que siempre me trataron con cortesía.
En San Cristóbal de las Casas, Platera y yo abordamos un bus y raudos nos
plantamos en "el defectuoso", la gigante y caótica metrópoli de México D.F.
donde me reencontré con mis ya viejos amigos Lapizlazuri, Ziul y el Chino,
los jóvenes músicos que conocí en mi anterior visita en la capital. Dejé a
Platera en "estudios Vangh Goth" como nos gusta referirnos a la
multicromática y acogedora casa de Lapizlazuli y viajando en auto stop o
pidiendo raite como dicen por acá, recorrí mas de 4.000 kilómetros de
experiencias motorizadas hasta llegar a la extrema Tijuana.
 Vegetación marciana en Baja California |
Subí por la península de Baja California, un alargado brazo terroso
enmarcado por el Océano Pacifico y el Mar de Cortés, una apabullante
colección de desiertos, montes y playas de increíble y misteriosa belleza,
paraíso de surfistas y atardeceres donde sufrí la nostalgia del biker sin
montura en sus miles de kilómetros de rutas perfectas para rodar a pedal
libre rodeado de olas, vientos y cactus.
Cruzando la línea de los espaldas mojadas, abandoné mi amada Latinoamérica y
penetre en la AMÉRICA con mayúsculas: gringolandia.
Tres meses viví "the american beauty", el país de la libertad bajo la
dictadura de las leyes.
Por supuesto, he de reconocer a Estados Unidos como la actual potencia líder
marcadora de los designios del planeta.
La tecnificada, cosmopolita y deshumanizada sociedad norteamericana es el
espejo donde podemos ver reflejado nuestro futuro; una aldea global de
mestizaje desarraigado y consumista, un despersonalizado mundo trade mark de
control numérico I.D., sonrisas de plástico V.I.P., indigestiones fast food,
corre corre que el tiempo es bussines, we trust in God my Dólar y sueños
front the T.V. ¿no os suena conocido?
Mi base de operaciones en los U.S.A. fue el apartamento de unos estupendos
amigos en Imperial Beach (San Diego, California). Richart y Paul, dos
viajeros norteamericanos que conocí en Colombia gentilmente me acogieron en
su casa. El motivo de mi estancia en los Estados Unidos fue intentar mejorar mi
paupérrimo fuking enghlis, no sé si conseguí mi meta pero lo seguro es que
Richart y Paul perfeccionaron su español (gracias brothers y saludar a
Penélope).
 Abierto al mundo (Arizona) | Los week-ends subía a Los Ángeles a tostarme la piel en la cinematográfica
Venice Beach o bajaba a Tijuana a tostarme el hígado en cualquier tugurio de
moda (ya sabéis la rola: Welcome to Tijuana, tequila, sexo y marihuana).
Hice un par de escapadillas, una hacia el desierto de Arizona (impresionante
mar arenoso, un Sahara en pequeño) y otra hacia San Francisco (Frisco la
ciudad beat, linda urbe de surrealistas pendientes, noche agitada, dorado
puente colgante y un China Town de agresivo color, olor y sabor oriental).
Un avión me devolvió al D.F. donde Armando Lapizlazuli y Mario Chino
trabajan en la grabación de un disco en el que gratamente he colaborado con
alguna composición. Después me perdí una semanita en el desierto de San Luis
de Potosí, para meditar sobre lo humano y lo divino, bajo el sagrado Peyote de
los indios Huicholes, y ahora con nuevas energías
de nuevo sobre Platera ruteando por la vida.
Hoy cumplí años, tengo veinteydieciséis y os aseguro que soy un niño feliz.
Podéis visitar la web del proyecto de aventura Solidaridad sobre ruedas de
Juli, mi actual compañero de pedales, en: www.trevol.com
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