En Punta Arenas, capital de la Patagonia chilena, desembarco del ferry
"Merlinka" donde Platera y yo hemos realizado la magallánica travesía del
estrecho.
Este puerto franco chileno conserva un cierto aire de fin de siglo gracias
a las magníficas mansiones que se construyeron durante el apogeo del, ahora
poco rentable, negocio de la lana.
A comienzos del siglo XX, Punta Arenas era una de las ciudades más
importantes del cono sur. Aquí estuvo el centro de control de la ponderada
familia Menéndez-Braum (ver nota 1), desde este lugar administraban sus vastos
dominios por toda Patagonia.
La herencia histórica se mezcla en la ciudad con su enorme desarrollo
comercial actual.
Los turistas encuentran diversos puntos de interés en la urbe, pero todos
acuden al monumento a Hernando Magallanes, en la plaza central, para tocar
el dedo del pie de un indio que se encuentra en la base de piedra de la
estatua. La leyenda dice que la persona que lo hace volverá a Punta Arenosa.
Mi "interés" en la ciudad lo tuve en el agradable encuentro y compañía de
Dana, una intrépida israelita que llevaba 3 meses recorriendo Chile en
bicicleta (ver nota 2).
Al noroeste de Punta Arenas, en la bahía del Seno Otway, junto a una
importante mina de carbón, se puede visitar una gran colonia de pingüinos
magallánicos. A primeras horas de la mañana o durante el crepúsculo, son los momentos
idóneos para observarlos. Salen de sus madrigueras excavadas bajo los
arbustos y permanecen indiferentes a la presencia del turista. Pero,
cuidado, es fácil recibir un doloroso picotazo si se les intenta tocar.
 Puerto Natales, Magallanes y la Antártica Chilena (Chile) |
La carretera que une Punta Arenas con Puerto Natales, avanzando hacia el
norte, es una pista con el pavimento en mal estado, pero de fácil rodar
para el ciclista, con escasas subidas y poco tráfico, aunque, cómo no, hay
mucho viento y pocos puntos de aprovisionamiento. Encontraremos ríos y
lagos de agua potable pero es más aconsejable llevarla consigo, pues suele
tener un desagradable sabor salobre.
La provincia chilena de Magallanes esta aislada del resto de la nación por
la frontera argentina al este y los infranqueables hielos patagónicos del
norte. La única comunicación posible, sin pasar por Argentina, es en barco
o avión. Por ese motivo, Puerto Natales, al sur del macizo Paine, es el
centro turístico que sirve de entrada al Parque Nacional de Torres del
Paine. Montañeros y turistas llenan la ciudad durante todo el año.
Desde la Bahía de Puerto Natales se puede disfrutar de un gran espectáculo
gratuito: ver atardecer en el seno de Última Esperanza.
El sol se esconde tras las nieves de Sierra Ballena, mientras cormoranes,
patos, gaviotas y cisnes de cuello negro, nos sorprenden con una belleza
faunística tan próxima a un centro urbano.
A 25 kms de Puerto Natales, camino hacia el Parque Nacional, se encuentra
el "monumento natural" Cueva del Milodón.
En este lugar, un colono alemán descubrió, en 1890, una piel muy bien
conservada de un enorme animal desconocido.
Cazadores y naturalistas de la época organizaron expediciones de búsqueda
de algún espécimen vivo, pero posteriores investigaciones confirmaron que
se trataba de los restos de un milodón, un herbívoro de tres metros de altura
extinguido en el Pleistoceno.
La Cueva del Milodón es de enormes dimensiones: 200 metros de fondo, 30
metros de altura y una boca de entrada de 180 metros de ancho. Una cúpula de
resonancia perfecta para montar un concierto de rock duro en su interior.
A 60 kms. de Puerto Natales, en Cerro Castillo, está el paso fronterizo de
Cancha Carrera. Es el último lugar donde aprovisionarse antes del Parque
Nacional. Dentro del parque todos los productos y servicios de hospedaje
son realmente carísimos.
Aunque geográficamente el macizo Paine y el Parque Nacional de los
Glaciares argentino son contiguos, no existe paso fronterizo entre ellos.
Esto obliga al viajero que quiere visitar ambos parques a cruzar la frontera por Cancha
Cabrera, dando un rodeo de 300 kms hacia el Calafate. Son las
incongruencias de las divisiones políticas.
Los 145 kilómetros de pista de ripio que hay que recorrer (ver nota 3) entre Puerto
Natales y Torres del Paine son sorprendentemente planos, sólo algunas
suaves pendientes nos recordarán que llevamos cambios en la bici.
El Parque Nacional Torres de Paine es el más caro de toda Sudamérica (ver nota 4)
pero posiblemente también sea el mejor, por lo que su visita es obligada.
 Torres del Paine |
Las Torres de Paine son unos pilares graníticos que se elevan sobre la
estepa patagónica. La simple visión de las Torres teñidas de rojo al
amanecer justifica un viaje a estas tierras.
Bajo los pilares, rodeados de montañas y frondosos bosques, encontraremos
extensos glaciares como el Grey, del que se desprenden espectaculares
icebergs sobre las aguas del lago del mismo nombre. Lagos de color turquesa
o azul intenso, que cambian de tonalidad según la hora del día. Rugientes
cascadas de deshielo entre estrechos cañones de piedra y ríos de gran
caudal de aguas bravas que salvan desniveles con impresionantes saltos de
agua.
Declarado Reserva de la Biosfera por la UNESCO, el Parque tiene 180.000 hectáreas de
extensión. Un mínimo de 4 días son necesarios para poder recorrer los
múltiples puntos de interés paisajístico del parque, que está bien equipado
para la visita turística. En su interior existen diversos puntos de
información y centros hosteleros, y las zonas de alta montaña disponen de
rutas señalizadas de trekking y escalada equipadas con refugios y
campamentos, lugar de encuentro de aventureros (ver nota 5).
 Torres del Paine |
La vida salvaje en Torres de Paine es abundante y fácilmente visible. El
parque es el lugar idóneo para conocer la peculiar fauna patagónica (ver nota 6).
Fueron varios los encuentros "intensos" que yo pude disfrutar con la fauna
local. Una noche, acampado junto al Río Paine, cinco zorros colorados se
acercaron atraídos por el olor de mi cena. Cuando les tiré los restos de
comida, los que en un principio me habían parecido "pacíficos animalitos", se enzarzaron en una ruidosa pelea por conseguir lo que les había tirado, y todo esto a menos de 3 metros de mis narices.
Otro día, descendiendo en plan "kamikaze" una fuerte pendiente hacia la
laguna azul, una manada de guanacos cruzó galopando la pista por sorpresa.
Por suerte no choqué con ninguno, porque los "V-brake" de Platera
funcionaron con su habitual eficacia, al contrario que yo , que con mi
habitual torpeza, acabé rodando por el suelo.
Realizando trekking de ascensión a las Torres, junto a un bombero de la
CONAF, pude descubrir una madriguera abandonada de puma. Dos días
después de dejar el parque, oí que un montañero acababa de ser atacado por
uno de estos mortales felinos. Por fortuna, esta vez, "la intensidad" del
encuentro no me tocó a mí.
Nota 1: José Menéndez, empresario asturiano, fue uno de los hombres más ricos de
Sudamérica
Nota 2: Doy este dato para que os deis cuenta de la gran seguridad que existe
para el viajero en Chile y Argentina, especialmente en Patagonia, incluso
para una "indefensa" ciclista solitaria. También lo menciono para animar a
las féminas españolas que por desgracia todavía son minoría en el mundo de
la bicicleta !ánimo chicas!
Nota 3: Un truco "ilegal" para ahorrarse casi la mitad del recorrido es coger la
pista que sale desde la Cueva del Milodón y bordea el lago Toro
adentrándose por el lado sur del Parque. El problema es que el tráfico por este camino esta prohibido y para acceder
a él hay que despistar al agente de la CONAF que guarda la entrada de la cueva (fácil para un ciclista silencioso)
Nota 4: A diferencia de España, para acceder a estos parques naturales de Chile
y Argentina, hay que pagar entrada. Pasar a Torres del Paine cuesta 6.500 pesos chilenos.
Nota 5: Los trekking en las zonas de alta montaña pueden ser peligrosos, por lo
que esta prohibido realizarlos en solitario. Pero es fácil encontrar compañeros en los refugios.
Yo conocí un grupo de bomberos forestales de la CONAF que me guiaron,
alimentaron y transportaron en su camión los dos últimos días que pasé en
el parque. Doy gracias a la Brigada de Bomberos de Punta Arenas que, una
vez más, me demostraron la hospitalidad de las gentes de la Patagonia.
Nota 6: Los animales típicos de esta zona, que se pueden ver con facilidad en el
parque son: guanacos, zorros rojos, cóndores, ñandús, cauquenes, águilas,
caranchos y toda clase de patos y aves de pequeño tamaño, como jilgueros,
picaflores y calandrias.
El Parque también es refugio de otros animales, como pumas, gatos monteses,
cururos o huemules, pero verlos es más difícil que ganar un Tour de Francia.
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