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Pedalear por las carreteras de la provincia de Buenos Aires es notar de nuevo que uno vive en un planeta habitado. El tráfico, sin ser agobiante, es fluido y las distancias entre ciudades se van acortando según me acerco a la gran urbe de la capital federal. Toda la provincia pertenece a lo que se conoce como la Pampa Húmeda. Las precipitaciones anuales son mucho mayores que en las Pampas patagonas y eso torna el paisaje más verde y fértil. El ganado vacuno es una presencia permanente en cada curva de la carretera. Un grupo de vacas dejan de pastar y observan sorprendidas el paso del ciclista solitario. MAR DEL PLATA En verano, millones de porteños bajan a esta ciudad atlántica para bañarse en sus múltiples balnearios. Mar del Plata es el Benidorm de los bonaerenses, con extensas playas de arena fina y todo tipo de atracciones para el disfrute turístico. Yo, por suerte, pase por aquí fuera de temporada y pude gozar de esta bonita ciudad sin las aglomeraciones veraniegas.
Al lado del puerto hay una loberia. Grandes lobos marinos machos, de más de 2 metros de largo y cientos de kilos de peso, retozan al sol y se suben a las barcas haciéndolas zozobrar ante el cabreo de los pescadores. Durante 4 días no pude salir del hostal donde me alojaba, una gran tormenta provocada por "El Niño" azotó la ciudad. Incluso, un gran mercante quedó embarrancado en las playas del Mar del Plata, a causa del temporal, corriendo gran peligro sus tripulantes, pues, a pesar de la cercanía del accidente, era imposible el rescate. En esos días "El niño" castigó toda Argentina, provocando grandes inundaciones en la zona de Entre Ríos y Mesopotamia, que yo visitaría posteriormente. También se inundaron las ciudades de Trelew y Puerto Madryn, por donde hacía poco tiempo que había pasado. Intenté pedalear hacía Buenos Aires, pero "El Niño" me obligó a viajar de nuevo en Ómnibus. BUENOS AIRES Sólo pensaba pasar unos días por la capital federal de la República Argentina, pero la magia de esta gran ciudad a orillas del Río de la Plata, me atrapó durante casi un mes.
Para "sentir" Buenos Aires hay que perderse por sus calles. Pasear por San Telmo, el barrio de los artistas, donde el tango vive en calle. Su popular plaza Dorrego es el lugar perfecto para iniciarse en el sensual baile milonguero. Visitar Recoleta, zona plagada de restaurantes y cafés, y conversar, bajo el denso humo de los cigarrillos, sobre política, psicología o "lo que vos querás", es todo un arte. Recorrer el alejado barrio de Mataderos, posiblemente el mayor mercado de carne del mundo, donde aún se puede revivir la cultura gaucha en su feria dominguera.
En Boca el viajero podrá notar la otra gran pasión porteña, el fútbol, con sus dos grandes polos de rivalidad, el Boca Junior y el River Plate. Es tal su adición, que una de las preguntas que más veces nos harán, a pesar de nuestra condición de extranjeros, es ¿cual de los dos equipos preferimos?. En Buenos Aires me alojé en un albergue para viajeros muy especial. El Hostal El Águila. "El Águila" esta regentado por un argentino de origen boliviano, Rene, él me ayudó a descubrir muchos de los encantos de la ciudad. Allí pase unos días inolvidables, con gente encantadora. Como Bernardo, un austríaco parlanchín, obsesionado por las guapisimas porteñas. Valeria, una veinteañera argentina, también de origen Boliviano, que con su belleza étnica nos tenía encandilados a todos. Valeria, joven actriz, estaba rodando en esos días un largometraje. Espero poder verla, algún día, en la pantalla grande. "Bloody" John y Max Wood, un par de ingleses con los que me corrí unos buenos "fiestoncios". Mäike, una holandesa que empezaba a engancharse al calor latino. Y tantos otros fugaces amigos con los que compartí momentos irrepetibles. El carácter temporal de la amistad del viajero, hace que las relaciones, las aventuras y las experiencias, se perciban de una forma más intensa que en la vida "normal". Por desgracia para el viajero, cada nueva amistad, lleva consigo una pronta despedida. y es escasa la posibilidad de volver a ver a muchas de las personas que conoces durante el viaje. Pero, sinceramente, yo espero volver a reencontrarme, quien sabe en que punto del planeta, con mis ya viejos amigos, "La panda de Buenos Aires". (No puedo nombrar a todos los amigos que hice en el buen ambiente del Águila. La lista de gente y nacionalidades sería interminable. Pero no quiero dejar de agradecer, desde aquí, la ayuda que me brindaron Alejandra y Folker -lo siento, no aprendí a pronunciar tu nombre, y menos a escribirlo- . Forker es un suizo viajero que, después de recorrer Sudamérica -gracias por tus valiosos datos-, se quedó atrapado por la fuerza de Buenos Aires y de su pareja, la porteña Alejandra. Conecté con ellos a través de un amigo común, Emiliano, un madrileño que vive con la hermana de Alejandra. ¿Que tendrán los bonaerenses que atraen tanto a los hombres?. Yo lo sé, pero no sabría explicarlo.) |
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