Día 9: Domingo, 18 de julio de 1999
Calzada de Valdunciel-Granja de Moreruela


Nos levantamos muertos de frío y empapados dentro de nuestros sacos, por la humedad. Parece mentira que haga tanto frío por aquí en pleno verano. Cuando el sol empezó a calentar un poco salimos de allí por el camino, que estaba al lado. En un momento dado cogimos la N-630, y no la abandonaríamos en todo el día, exceptuando un desvío que tomamos a unos kilómetros de Calzada de Valdunciel, para ver el castillo de Fonseca o del Buenamor. Pero desgraciadamente estaba cerrado por obras, y en la señal que hay en la nacional, justo en el desvío hacia el castillo, escribimos un aviso para que no le pase lo mismo a algún incauto. En Villanueva del Campeán nos paramos a tomar un aperitivo, sentados en un banco de la plaza, al lado de una fuente con agua no tratada, mientras observábamos la divertida discusión entre un grupo de jubilados.

Embalse del Esla
Embalse del Esla

Y sin nada más que reseñar entramos a Zamora, una ciudad preciosa pero un poco apagada, porque cuando llegamos no había nadie por la calle, y tampoco era muy tarde (las 15:00 h). En uno de los pocos bares que quedaban abiertos tomamos unas tapas, aunque no teníamos mucha hambre. Vimos un poco el casco antiguo y nos fuimos a un parquecillo al lado del río Duero a echar una siesta y arreglar un pinchazo.

A la seis de la tarde abandonamos la ciudad, y a los siete kilómetros pinché nuevamente. El trayecto por la nacional, que transcurre entre trigales, era monótono y aburrido. Seguimos hasta el cruce con la N-631 en dirección a Puebla de Sanabria. A pesar de que era allí hacia donde teníamos que ir, seguimos por la N-630, guiados por nuestro instinto. Y no nos falló. Al poco de pasar el cruce encontramos las flechas amarillas, que nos llevaron por la ladera de un monte que rodea al pantano del Esla. Aquello era muy bonito y todo eso, pero nos hartamos del camino y nos volvimos a meter en la nacional (desde luego nos habíamos vuelto unos carreteiros* de mucho cuidado). Y como quien no quiere la cosa fueron cayendo los kilómetros, y por fin llegamos a Fontanilla de Castro, un pueblo la verdad que bastante pelagrero** . Pero sus habitantes no lo eran, y tres de ellos, tras preguntarnos si éramos peregrinos, nos aconsejaron que siguiéramos hasta Granja de Moreruela, y que allí fuéramos al bar Cle-Bis, que estaba muy bien y era muy barato. Estábamos muy, muy cansados, y maldita la gracia que nos hacía pedalear otros diez kilómetros más, pero nos resignamos y mal que bien llegamos. Agotados, pero llegamos. Eran las diez de la noche, y preguntamos a un abuelillo por un albergue del que nos habían hablado en Fontanilla. El abuelo nos llevó a casa de la concejala, que por lo visto era quien llevaba ese tema. Pero no estaba y salió su madre, que nos contó que su hija ya no era concejala, porque perdió su partido. Nos mandó a hablar con Mercedes, la teniente-alcalde, ya que el alcalde se encontraba en Zamora. Resultó ser que Mercedes era la cocinera del bar Cle-Bis, así que los vecinos de Fontanilla no se equivocaban al aconsejarnos. Por poco dinero, 700 ptas, nos puso de cenar unos huevos fritos con un pincho moruno, patatas fritas, coca-cola, mosto y un twister. En ese bar eran amigos de la Ruta de la Plata, y firmamos en su libro de visitas. Al mirar quién había firmado hasta entonces, vimos que el día anterior habían pasado ¡21 peregrinos andando y tres en bici!. Nos dieron un mapa de los alrededores del pueblo, para que no nos perdiéramos al salir al día siguiente. Esto era porque en Granja de Moreruela se bifurca la ruta en dos sentidos: uno va a Astorga y enlaza con el camino francés, y el otro es el que se dirige a Orense, y lo llaman camino sanabrés. Este último es el que tomamos nosotros.

Y por último, Mercedes nos dejó las llaves de la Casa de la Cultura, que está a la entrada del pueblo, a mano derecha. Aprovechamos y lavamos la ropa, tendiéndola en los pulpos, ingeniosamente unidos a modo de tendedero. Además de la ropa, también nos lavamos a nosotros mismos, que estábamos un poco guarretes. Estas complicadas operaciones nos debieron de llevar tiempo, porque nos acostamos a la una y media de la mañana.

* Carreteiro: también conocido como depileitor. Dícese de aquel ciclista de carretera, obsesionado por los marcados músculos de sus depiladas piernas y los kilómetros que hace.
** Pelagrero: cutre, sucio, mugriento, hediondo, inmundo, cochambroso.

Placa indicadora de la bifurcación del camino en Granja de Moreruela
Placa indicadora de la bifurcación del camino en Granja de Moreruela

Tabla 9